En Veracruz, donde mi abuelo nació y creció, tuvo varias experiencias sobrenaturales. Una noche, cuando él regresaba a su casa, en medio del camino se le apareció un perro enorme, negro, con los ojos rojos. Ante la amenaza de ser mordido, sacó su machete para defenderse.

El animal se acercó más, y mi abuelo iba retrocediendo conforme el animal se acercaba. El perro se le aventó para morderlo y mi abuelo le aventó su machete. Logró atravesarlo y el animal quedó ensartado en un tronco. Al ver que había logrado salvar su vida, echó a correr.

A la mañana siguiente fue al lugar donde tuvo este encuentro, pero no el perro. La lógica nos dice que, si este perro fue quitado por su amo, también se hubiera llevado el arma.  Este maléfico ser, – creía  mi abuelo – había sido un Nahual.

De hecho en Veracruz, en el pueblo de Huayacocotla, de donde mis abuelos eran originarios, existía una cueva – que fue demolida para construir sobre ella una carretera – que era conocida como “la Cueva del Nahual”.

De acuerdo al relato de unas tías, esa cueva se ganó el nombre a pulso, pues hubo una temporada en que todas las noches se escuchaban extraños ruidos y gruñidos. Algunos animales aparecían muertos, como si los hubiera atacado un perro salvaje. Sospechaban de un señor pero nunca pudieron comprobarlo. El hecho es que nadie se atrevía a cruzar la cueva por las noches.

Regresando a las experiencias que tuvo mi abuelo cuando era joven, él estuvo a punto de morir al seguir a una mujer vestida de blanco. Era de noche y se dirigía a su casa a pocos metros de donde se le pareció el perro vio una mujer vestida de blanco, la dama estaba a unos tres metros de distancia y caminaba lentamente.

Mi abuelo comenzó a chiflarle tratando de conquistarla, mi abuelo entro como en trance, perdido viendo a esta mujer de repente la dama desapareció y mi abuelo regreso en sí. Se detuvo y a centímetros estaba de caer en un barranco, estaba a punto de morir por esa mujer.

Muchos años después y viviendo ya en la Ciudad de México, mi abuelo tuvo algunas experiencias con los espectros de mi tío Antonio. Cuando murió mi tío en un accidente automovilístico mi abuelo Juan quedo destrozado, todas las noches le lloraba, pues no se resignaba a la perdida además de que cuando el falleció era muy joven, tenía alrededor de 30 años de edad.

Una noche mientras le lloraba mi abuelo escucho unos pasos en la sala que se acercaban donde él estaba, en ese momento mi abuela ya estaba dormida. Cuenta mi abuelo que mi tío Toño se le apareció vestido normal, con un semblante de paz diciéndole que ya no le llorara, que él estaba bien.

Mi abuelo quedo impactado al verlo y le prometió que ya no lo haría más, mi abuela se levantó de su cama y fue a ver a mi abuelo, en cuanto la vio mi abuelo le dijo: ¡Concha! Mi Toño vino a visitarme, le conto lo que había sucedido y no hablaron más del asunto.

Años después mi abuelo por lo avanzado de su edad, enfermo gravemente, recuerdo muy bien que fue internado y duro varios días en el hospital, su estado era crítico y a mi madre le advirtieron que estuviera preparada para recibir la mala noticia. Nosotros éramos aun unos niños y nos quedábamos en mi casa porque mi padre trabajaba y mi madre junto a mi abuela se la pasaban en el hospital.

Mis abuelos vivían junto a nuestra casa y solo nos separaba un pequeño patio, en esa época mi abuelo Juan escuchaba una estación de radio llamada Sinfonola (la estación del barrilito). Todo esto viene porque estando en nuestra casa – mis hermanos y yo – escuchamos claramente la rúbrica del programa que escuchaba mi abuelo, con miedo nos acercamos a la casa del abuelo, entramos y la radio estaba apagada.

Es muy poco probable que algún vecino estuviera escuchando esa estación y sobre todo, porque el sonido vino de la casa de mis abuelos. Cuando mi abuelo salió del hospital le relato a mi madre que estando ahí recibió la visita de su mamá, le dijo que ya había venido por él, que se preparara para partir. Pero mi abuelo le dijo que aún no quería irse porque no quería dejar sola a su concha de armadillo, como cariñosamente le decía a mi abuela; por desgracia varios años después de este incidente mi abuela murió.

Fue entonces cuando mi abuelo nuevamente tuvo contacto con lo sobrenatural, él le lloraba mucho y su tristeza se acrecentó al grado de morir por esto. Pero días antes de su muerte le dijo a mi madre que su Concha había venido a visitarlo, mi madre no quiso contradecirlo ni decirle que eran alucinaciones simplemente lo escuchaba.

Algo que siempre tendré presente es que un día antes de morir mi abuelo me encargo a mi madre, me di cuenta que se estaba despidiendo y no le dije nada a mi mama para no alarmarla, pero el murió esa noche.