Un compadre de mi papá nos contó la siguiente historia.

Este señor tiene un hermano llamado Gonzalo, él era obrero y cada viernes le gustaba echarse unas cervezas. Fue a la cantina, se emborracho y se retiró, eran alrededor de las once de la noche. Para llegar a su casa tenía que atravesar un campo.

Iba cantando, muy contento. Cuando de repente vio a unos tres metros a una mujer. A la dama no se le veía el rostro, pero era de lo menos, pues tenía un cuerpo muy bonito.

Gonzalo le comenzó a chiflar y a decir vulgaridades: la mujer seguía caminando y el borrachín la alcanzo, la tomo del brazo y al momento de voltearla, vio que tenía la cara de caballo. De inmediato la soltó y se cayó de la impresión. Como pudo se puso de pie y echo a correr. Ya sobrio jura y perjura que eso fue real