Muy cerca de mi casa hay una fábrica en ese lugar trabajo por muchos años un joven de nombre Valentín, él era de un pueblo en Veracruz y cada medio año iba a visitar a sus familiares. Para llegar al rancho de sus primos y tíos tenía que llegar primero al pueblo y de ahí caminar por dos horas.

Valentín recuerda que todo marchaba con normalidad, había mucho sol cuando se dirigía al rancho. A la media hora se nublo y sorpresivamente comenzó a llover muy fuerte para fortuna de Valentín estaba cerca de la casa de don Pancho, un hombre de avanzada edad que era amigo de la familia.

Llego a la casa de este señor para que le permitiera resguardarse del agua, don Pancho lo recibió encantado. Pásale muchacho que milagro que andas por acá, Valentín y el viejito estuvieron platicando vario rato recordando viejos momentos, a las personas que ya habían muerto porque don Pancho conoció a los abuelos de Valentín.

Después de varios minutos de charla, el viejito le dijo a Valentín que no lo disculpara por no tener nada que ofrecerle pues sus hijas ya no vivían con él y no le llevaban comida. Ante este comentario Valentín se molestó mucho, pues no era posible que a un hombre de tan avanzada edad lo dejaran solo y lo descuidaran de esa manera.

No te preocupes muchacho yo estoy muy bien – le dijo este señor – Valentín se asomó por la venta y vio que ya había dejado de llover. Se despidió del anciano y le dijo que en la tarde le llevaría comida a lo cual don Pancho le dijo que no era necesario que ya le iban a traer algo de comer.

Valentín continúo su recorrido y llego a la casa de sus tíos, fue recibido como siempre con mucho gusto y le sirvieron de comer. Paso el tiempo, varias horas después se acordó del viejito, ¡tengo que llevarle comida a don Pancho! – dijo Valentín – sus familiares se le quedaron viendo raro y Valentín les conto que había estado en casa de don Pancho y que sus hijas ya lo habían abandonado, – su tío le dijo – oye hijo yo creo que tu estas mal, si don Pancho murió hace ya varios meses.

Valentín no daba crédito a lo que le estaban diciendo y para salir de dudas y creerlo pidió que lo acompañaran a la casa de esta persona. Llegaron ya de noche y Valentín vio solo un moño negro en la puerta, trato de abrirla pero estaba cerrada con un candado.

Ya resignado que algo extraño había sucedido regreso al rancho de sus tíos.