Cuando mi primo Miguel vivía, aquel primo que al emborracharse llamaba a su mamá después de muerta, que una vez entró a su casa cuando esta no era lo que hoy día era, y al llegar a la cocina había un gato negro sobre el lavaplatos. Le causó extrañeza verlo ahí, teniendo en cuenta que ellos no tenía gatos. Se quedó mirándolo fijamente y el gato le preguntó; quieres saber quién soy yo?

Mi prima Diana era muy pequeña cuando esa vez fue a visitarnos a la casa, ella, muy curiosa empezó a caminar por toda la casa, incluso subió al segundo piso cuando un gato negro se encontró sobre el tocador de mi mamá en su habitación. Fue una rara sensación de miedo la que sintió. Salió tranquilamente de ahí, al encontrarse con mi papá le preguntó por ese gato, pero obviamente no supo de lo que le cuestionaba, ya que en la casa no teníamos gatos.

Me contaba alguien que por las noches detrás de aquella iglesia, de la cual me daba miedo con solo mirarla, se aparecía un gato negro de ojos rojos en las noches de semana santa, si uno osaba insultarlo, decían, este se aparecía debajo de la cama el Lunes, después del Domingo de resurrección. Pero no aparecía en forma de gato, sino de un hombre de negro sin ojos, con orejas puntiagudas como las de un felino.