Cuenta una antigua leyenda, que hace miles de años en un pequeño pueblo, todas las noches de luna llena salía el diablo para jugar al tejo, se la pasaba aventando el tejo de un cerro a otro y cada vez que atinaba el gritaba: “Quemada”.

Los habitantes de aquel pequeño pueblo se asustaban cuanto escuchaban caer aquel gigantesco tejo de oro sólido y se estremecían con el espantoso ruido cada vez que el tejo volaba por el aire y cuando el diablo gritaba con todas sus fuerzas.

Un día los habitantes molestos de lo que el diablo hacía, se reunieron para platicar y poder encontrar una solución para terminar con esa situación, tras unas horas de platicar todos tomaron la decisión de colocar una cruz en el lugar donde el diablo jugaba. En la siguiente luna llena el diablo salió nuevamente para jugar y se encontró con aquella cruz, enojado el diablo destruyo la cruz con su mirada penetrante, luego de destruirla continúo jugando y gritando para estremecer a todo el pueblo.

A la mañana siguiente los habitantes se dieron cuenta de lo que había sucedido, molestos se volvieron a reunir subieron hasta lo más alto del cerro y entre todos construyeron una cruz aún más grande y fuerte que la anterior. Cuando el diablo salió nuevamente vio aquella cruz e intento con todas sus fuerzas destruirla sin poder tener éxito.

El diablo vencido decidió regresar de donde salió y nunca mas pudo volver a jugar en el cerro ni asustar a ningún lugareño.

Aquella inmensa cruz aun se encuentra en la punta de aquel cerro; desde aquel día cada 13 de mayo los lugareños suben en una procesión hasta la punta del cerro para poder realizar una misa en honor de la cruz que los logro liberar de aquel demonio.