Leticia era una niña de nueve años. Tan chica y huérfana de padre, su madre trabajaba todo el tiempo para poder darle todo lo que necesitaba. Por ese motivo, Leticia pasaba la mayor parte del tiempo sola en su casa, con la orden de “no abrir la puerta a nadie” hasta que su mamá no llegara.

“Yo te llamaré cada dos horas para cerciorarme que estés bien, y cuando llegue a casa tocaré tres veces la puerta, para que sepas que soy yo”.

 

Así, fue pasando el tiempo.

Un día su madre tuvo que retirarse del trabajo antes de tiempo, porque se sintió mal. Escalofríos recorrían su cuerpo, y eso hizo que volviera mucho antes de lo previsto al hogar.

 

Leticia en casa dormía, para que las horas se le pasaran más rápido, hasta que el sonido del teléfono la despertó:

 

-“¿Eres tú mami?”, preguntó la niña. Pero la respuesta fue el silencio. Nadie respondió.

De camino a su cuarto, para volver a dormir, la sorprendió nuevamente el teléfono, sonando insistentemente.

 

-“Mami, responde. No es gracioso y me estás asustando”. Colgó el teléfono asustada. Esta vez tampoco contestó nadie. Ahora sí sentía mucho miedo, y se fue corriendo a su cama.

Cuando se metió en la cama, sintió el ruido de la puerta: “TAC, TAC”, pero no hubo un tercer golpe, por lo que no era su madre. Se asustó aún más.

 

Como tenía la orden expresa de su mamá que tocaría tres veces, no abrió la puerta. La niña temblaba de miedo.

Cuando cayó la noche, su mamá aún no había llegado, y ella estaba aterrada.

Volvió a sonar el teléfono.

-“Mami, ¿eres tú?” – preguntó la niña, aterrada.

Era muy tarde, se apoderó un llanto de la niña que apenas pudo tomar el teléfono para llamar a la policía. Quiso salir corriendo de su casa y lo que vio la paralizó: el cuerpo de su mamá yacía en el suelo, con los brazos rotos, y un charco de sangre rodeándola.

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Leticia se desmayó de la impresión de ver en ese estado a su mamá. Perdió el conocimiento.

Cuando se despertó, se encontraba en un centro de asistencia a niños con problemas psiquiátricos.

Pasó mucho tiempo para que la ayuda del centro y los médicos pudieran ayudar a Leticia a superar ese trauma…Ella soñaba una y otra vez que le decían: “tú estás sola ahora”.

 

Psquiatras, psicólogos y médicos más de una vez en reuniones donde se trataba el caso de Leticia, comentaban que cabía la posibilidad que ella hubiera asesinado a su madre.

Ella pensaba que estaban todos locos. ¡Cómo iba a asesinar a su adorada madre!

Leticia soñaba a menudo con su mamá…¡la quería tanto!

Al día de hoy pasaron quince años, y sigue internada en el mismo centro psiquiátrico. Aún no ha superado ese trauma.

¿Que cómo sé todo esto?

Porque yo soy Leticia, y no maté a mamá.