Cuando pequeño fui víctima de un evento paranormal con un espíritu infantil, nunca olvidaré sus ojos de túneles profundos ni su odiosa voz que me decía:
_Devuélllveme mis metrasss
Un ruido llamó mi atención, pensé que era mi tío que estaba en el sótano de la vieja casa colonial de La Pastora, pero cuando bajé estaba completamente solo, me recibió ese aire fantasmal y tétrico que lo caracterizaba.
El ruido volvió a manifestarse y mi vista recayó en una botella de llena de culines y metras, me encantó pues había perdido muchas metras. Me las llevé arriba y las comencé a contar.
Desde ese momento no volví a perder en el juego pero una extraña sensación no me dejaba dormir por las noches y me despertaba con la misma pesadilla viviente con un carajito demacrado y feo me decía:
_Devuélllveme mis metrasss.
Aquello destrozó mis nervios pues me di cuenta que no era un sueño sino que se presentaba fantasmalmente y me tocaba dejándome una marcas moradas, hasta que ya al tercer día de aquella aparición fui al cuarto de mi tío Braulio perseguido por el espanto que no cruzó el umbral de la puerta. Apenas toqué la manilla y se despertó, me senté en su cama y le pregunté.
_Tío el espíritu de un niño me acosa, quiere sus metras, y creí que eran tuyas.—Se quedó callado y pensativo como recordando el pasado.
_Mira chamo, hace mucho tiempo cuando yo tenía tu edad, y quizás eso detonó la aparición, había un carajito super malo, imagínate que era más malo que yo, con el que me tenía que caer a golpes. Un día le ruché todas las metras y se puso a pelear, lo emis-canicasmpujé con todas mis fuerza y se pegó la cabeza en el filo de la acera, todo el mundo salió corriendo, y yo me quedé esperando que se levantara, pero eso Betico nunca sucedió, así que vinieron los adultos que me jalaron las orejas, pero, ¿sabes qué?
_¿Qué tío?—Pregunté asustado porque mi tío lo había matado.
_A mí no me importó lo que había pasado, era malo como toda su familia, sin embargo desde ese día su espíritu me perseguía y pasé mucho trabajo para confinarlo al sótano junto a las malditas metras que no volví a jugar, ¡esas que tú sacaste del sótano!
_Lo siento… yo…
_Me acuerdo que en el funeral todo el mundo le reprochó a mi madre, que yo era un chamo malo, si es verdad, pero él muerto no era ningún santo, así que para evitar la venganza de la familia, me enviaron a España por un buen tiempo donde la vieja dice me eché a perder.
_Si, lo recuerdo.—Me agarró con fuerza por los hombros y me sacudió.
_¡Así que deshazte de ellas, llévalas nuevamente al sótano, de allí no deben salir nunca más, ¿me comprendes?!
Metí todas las metras en la botella perseguido por el carajito que olía a podrido y la devolví al oscuro rincón del que nunca debieron salir.