Era domingo por la tarde, entrando ya la noche. En la casa estábamos mi hermana y yo, mi hermana se llama Laura. El día había sido aburrido, y para acabarla, se nos había ido la luz. Como no había nada mejor que hacer, nos pusimos a escombrar un poco.

Teníamos que cambiar de lugar una televisión vieja y pesada a la sala, porque el cuarto en el que estaba se iba a remodelar. Le dije a Laura: ayúdame a cambiar la tele de lugar. Y ella me contesto: ¡espérame voy a mi cuarto a dejar esta ropa que ya se secó!

Vi que salió de su cuarto y le dije: Vamos a moverla. Agárrala fuerte. ¡Una, dos, tres! Cargamos la tele, avanzamos medio pasillo en penumbras y la tele se nos calló enojada le dije a mi hermana: ¡como serás suata te dije que la cargaras! De repente escuche una voz atrás de mí que me dijo a: ¿quién le hablas?

Era mi hermana que apenas salía de su cuarto. Volteo a donde creí que estaba Laura y no había nadie.